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Taylor Lautner

MUNDO
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Alguien coge un par de kilos y se convierte en la comidilla de media humanidad, ¡¿pero nos hemos vuelto locos?! Me puse a leer y me topé con titulares de lo más hirientes, “De lobo a oso” o “Taylor Lautner, de tener tableta de chocolate a comérsela.

Mientras todo el mundo se le echaba encima y le reprochaban “haberse descuidado” (que pase un camión sobre mí y me arrastre ahora mismo), pocos caían en la cuenta de su edad. El actor saltó a la fama cuando era un adolescente. Saquemos el ábaco e ilustremos con cuentas de colores estas operaciones. El joven intérprete nació en 1992, y en 2008 se estrenaba la primera parte de la saga ‘Crepúsculo’, lo que significa que aquel chavalito musculado que traía locas a las niñas solo tenía 16 años. Las siguientes pelis se rodaron del tirón, por lo que antes de haber cumplido la mayoría de edad era un sex symbol. Y todo esto, sin tener la edad legal para beber. Ahora tiene 24 años, es un hombre hecho y derecho, ha dejado atrás la cara de ‘baby’ y tiene hechuras de caballero. ¿Tanto cuesta entender que lo de antes era un adolescente y que lo que ahora tenemos delante es un hombretón? Yo lo entendí perfectamente, pero parece ser que a un sector de la población la cabeza le iba a explotar y se pusieron como locos a buscar posibles explicaciones sobre el nuevo body de Lautner “¡seguro que está rodando una nueva película y ha tenido que ganar peso!”, “como ahora hace menos cine, se ha echado a perder”… Como si el chaval fuera un yogur aguardando en la nevera a que algún director quiera contar con él. Pues no. Puede que las cosas sean más sencillas que todo eso. Puede que, simplemente, Taylor haya ganado peso porque sí. Porque los cuerpos cambian. Porque pocas personas tienen la misma anatomía que en el instituto. Porque la vida nos cambia. Porque nuestros hábitos evolucionan. Porque, porque, porque… Fin. El peso de Taylor no merece más discusión. Hay cosas más importantes de las que preocuparnos, como para estar con la cinta métrica midiéndole el contorno al actor. Yo, por lo menos, tengo cosas mejores que hacer.